Cuando despertó se encontraba en una postura extraña y con un dolor de cuello y cabeza enorme. Su marido aparecía sobre sí con la cara borrosa, parecía preocupado. Parpadeó, la luz diurna le dañaba los ojos, su alrededor se hacía nítido a cada abrir y cerrar de ojos. Tanteó la mesilla en busca de sus gafas. No entendía nada aunque, aparentemente, no había nada que entender, pues todo estaba en orden. Su marido salió con presteza de la habitación y volvió con una aspirina.
- Tómatela. En la mesilla ya tienes un vaso con agua.
- ¿Cómo?- dijo apenas sin voz. Miró el vaso y todo volvió a su mente como una pesadilla. Con un movimiento brusco miró el espejo, escrutó su superficie sin encontrar rastro de manchas, ni mensajes sangrientos. Enfocó hacia la imagen que le devolvía, parecía un muerto, su pelo revuelto, las ojeras, la palidez acentuada por el susto… de reojo pudo ver a Mark con la cara de preocupación extrema.
- ¿Estás bien? ¿Por qué dormías así?Dudó un momento. ¿Y si la tomaba por loca? Pero él la amaba, y ella lo sabía, podría intentarlo.
- Pues... por muy extraño que te suene lo que te voy a decir... más extraño me parece a mí. Verás...- le contó todo lo sucedido.
- ¿Crees que estuvo aquí de verdad, Sophie?
- Me cuesta decirlo, pero creo que sí. Lo que no sé es ¿Por qué? ¿Qué necesita de mí?
- ¿Nunca antes habías visto a alguien muerto?
- No. -Dijo con lentitud y lo miró suspicaz- ¿Tú sí?
- Pues... - Dudó un momento, tanteándola- sí, de pequeño. Cuando cumplí los 12 años dejé de verlos, no se si porque perdí la capacidad o porque no deseaba ese don, por llamarlo de alguna manera.- Bajó la mirada, el tono era leve, pero se notaba que era algo que le había marcado.Ella lo miró fascinada, era la primera vez que le decía algo tan fuera de lo común sobre él, solía ocultarle las cosas muy personales que pudieran ponerle en ridículo, aunque ella sabía algunas por otras fuentes.
Le explicó que los espíritus solían parecerse a los vivos, pero que su aura era distinta, como inquietante, sus movimientos no eran fluidos, sino como en flashes. Que casi todos tenían expresión de tristeza, o de completa desorientación y los que no la tuvieran, eran peligrosos. Que buscaban una luz que les llevaría a donde van cuando no tienen asuntos pendientes importantes...
- O sea, el cielo, con Dios.- Dijo muy segura.
- Cariño, yo no afirmaría eso, sabes que yo no creo en un ser todo poderoso, pero, bueno, esto lo he vivido, se que es real, van a algún lado, donde están tranquilos. Pero has de tener cuidado porque los que están aquí son gente sin rumbo, atada por sus emociones, obcecados con el tema que les ata a la Tierra, algunos ni si quiera aceptan que están muertos, otros aprovechan su situación para hacer sufrir o conseguir lo que nunca consiguieron en vida. Pero... tu padre, parece que sabe que hay otro lado, que no debe estar aquí, pero algo le ata, debes ayudarle, por muy doloroso que sea. Cuando vuelva a aparecer, despiertame.
Se hizo un silencio. Al final se atrevió a preguntar:
- ¿Por qué nunca me dijiste nada? ¿Por qué no querías verlos?
La miró con paciencia, con ternura.
- Es un carga muy pesada, pierdes tu vida, tu intimidad, tu tranquilidad, la gente no te cree, te consideran un entrometido, y la mayoría no lo entiende. He podido hablar de este tema muy pocas veces, hay gente con la mente abierta a esto, incluso cuando no ve, ni ha visto nunca, y gente que prefiere pensar cualquier disparate antes que aceptarlo. Además no quería preocuparte.
Asintió con lentitud, mirándose las rodillas. Se levantó y se duchó. Las duchas calientes siempre le habían sentado bien, incluso en verano. Estaba como ausente mientras se enjabonaba el cuerpo. Recordaba que de pequeña siempre había sido muy alegre, quería a su familia, y su familia la quería a ella. La vida le había dado muchos palos después, como celosa de tantos años de felicidad, le había arrebatado a su padre y a su hermana en un accidente de coche, le había dejado su novio porque estaba enamorado de otra mujer mucho más mayor que ella, que resultó ser su madre, a la que dejó de hablar (y con la que seguía sin hablar), suspendió todas las asignaturas del curso en su carrera debido al shock, y tuvo que dejarla para poder trabajar y vivir sola. Unidas a algunas desgracias menores más, dejaron a Sophie sumida en la miseria. Al final vio la luz cuando al cabo de dos años conoció a Mark... -Se enjabonó el pelo, distraída- contenta de nuevo, empezó a trabajar con más ganas y ascendió en su trabajo, se compraron una casa a medias en las afueras, rodeada de campo y montañas, pero sin perder el contacto con la ciudad. - Un chorro de agua caliente le recorrió el cuerpo y se aclaró el jabón- Se preguntaba que habría sido de su vida si su padre no hubiera tenido el accidente... Su hermana gemela estaría con ella, sus padres seguirían juntos, ella hubiera podido estudiar... -Mientras se secaba el pelo descubrió unas figuras borrosas en el espejo, como estaba empañado no podía verse nada con claridad. Además las gafas también estaban empañadas. Distinguió una figura al lado de una que parecía ella misma enrollada en la toalla. Miró a su lado, no había nadie. En el espejo se veía una figura pequeña, con el pelo oscuro y.. sí, parecía trenzado... el corazón le latía deprisa... acercó la mano al espejo, con miedo, posó su mano sobre la cabeza de la figura pequeña y acarició el espejo hasta aclarar la zona. Lo que vio la sorprendió pero también lo esperaba. Allí nítidamente sentada estaba su hermana María, sonriéndole... Mark no había hablado de ningún muerto que sonriera... Se levantó, medía algo menos que ella, mantenía sus preciosos 18 años, su cara se salió del área limpia y se precipitó sobre el espejo para limpiar más. Ella negaba con la cabeza mientras seguía sonriendo, la abrazó, ¿la abrazó? Sólo notaba frío, pero su reflejo le decía que la abrazaba. Sus ojos empezaron a lagrimear, hasta estallar en llanto. ¡Qué patética se veía allí con 7 años más que su hermana, mojada, envuelta en una toalla vieja, con la cara descompuesta, mientras ella estaba vestida con su vestido rojo, deslumbrante, maquillada, con sus trenzas indias, que tan bien le quedaban, y con una sonrisa de oreja a oreja!
- ¿Por qué estas aquí?- dijo entre sollozos.Cogió un lápiz de labios y dibujó un corazón, una “x” y un “tí”.
- ¿No me vas a hablar?- más triste aún.Negó con la cabeza, esta vez con una cara apenada. Se señaló a sí misma, y luego al cielo.
- ¿Ya cruzaste la luz?Asintió.
- ¿Y papá no?Negó.
- ¿Por qué?Volvió a coger el lápiz: No puede.
- ¿Alguien le retiene?Asintió.
- ¿Quien?Ella se acercó a su reflejo, la besó en la mojada cabellera y desapareció.Sophie se quedó allí, sintiéndose más tonta que antes, pero con la firme determinación de investigar el asunto. Si su hermana había llegado al otro lado, su padre también podría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario