lunes, 18 de marzo de 2013

Nostalgia

Sé que nadie leerá estas palabras, o como sumo dos o tres que pasen casualmente por este cajón polvoriento... pero igual hay una necesidad dentro de mí de sacarlas, de forma sencilla, sin dramas.

Y las palabras son: Te echo de menos. Te echo de menos. Te echo de menos, muchísimo. Están dedicadas a ti hoy. Porque hay muchas personas a las que extraño a las que podría dedicárselas, la gran mayoría están muy lejos de dónde yo estoy hoy, pero se mantienen cerca, las tengo presentes siempre en mi corazón. Sin embargo tú... tú estás todos los días ahí, dónde yo estoy, en mi corazón, en mi cabeza... y una parte de mi intenta echarte fuera mientras otra te aferra desesperadamente.

 Ya no son las cosas que hemos vivido las que me duelen, aunque aun pesan, ni la situación la que me tensa, aunque me entristezca. Lo que echo de menos son las cosas que podríamos estar viviendo y sintiendo ahora mismo, mientras dejamos correr el tiempo en una situación que no quiere ninguno de los dos, y las cosas que podríamos llegar a vivir... si no fuera porque la vida, tan caprichosa y cambiante como siempre ha decidido que aun podía dar algunas vueltas más antes de caer rendida al suelo, mareada y risueña.

Echo de menos tu risa, tu mirada, tus manos, tus labios... tu voz... echo de menos poder contarte mis días y mis curiosidades y que tú me cuentes los tuyos. Echo de menos abrazarte, echo de menos besarte y me arrepiento de no haberte dado el último beso, por la esperanza de que así no fuera el último. Y quiero... quiero que tu también me eches de menos, y que vuelvas, que me recuperes. Echo de menos tener una esperanza cierta en esto, echo de menos no tener heridas sangrantes que me hagan desconfiar, que me hagan perder la ilusión, echo de menos la inocencia que las decepciones me han robado a latigazos.

No espero nada con esto. Ojalá sirviera de algo, pero soy consciente de que no sirve. Simplemente quería expresar lo que siento ahora y no puedo decirte.

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