¡Zooom! ¡Bang!
-
¡Aaaahhhhh!
¡Agáchate!
Se tiró al suelo, una bomba voló por encima de su cabeza
mientras se tapaba los oídos e intentaba permanecer lo más pegada al suelo
posible. Levantó la cabeza al oír un estruendo, miró alrededor para ver cuál
era la situación. Allí estaba en medio de la batalla, de una guerra por la
justicia, una guerra por la que recuperar el honor y la dignidad de su pueblo.
Hacía unos meses todo parecía tranquilo, nadie diría que la guerra fuese a
estallar de aquella manera en tan poco tiempo. Nadie era consciente del
maltrato que habían sufrido por sus vecinos y gobernantes. Pero ahí estaban,
luchando por restablecer lo que les había sido robado, con mayor o menor
conciencia.
Iiiiiiissshhh…… “Se
acercan”. Corrió y se refugió en una pequeña pared derruida.
¡BOOM!
Era curioso cómo había cambiado su percepción de la
realidad, echaba la vista atrás y ahora era capaz de ver muchísimas señales que
le indicaba todo lo que había pasado, cosas que debían haberla hecho sospechar.
Se preguntaba si había estado ciega, o simplemente no supo cómo interpretarlo o
manejar esa posibilidad tan mal intencionada. Se preguntaba cómo había personas
capaces de aprovecharse de la inocencia y la debilidad de los otros para su
propio beneficio sin ningún escrúpulo. Y cómo, por miedo o ignorancia, estos
otros se dejaban manipular sin mucha resistencia.
-
¡Corre,
corre! Ve hacia esa trinchera de allí- gritó.
¡Boom!
Era una persona de las que meditaba antes de tomar una
decisión importante, de las que no se arriesgaba si no tenía la certeza de
ganar, pero había hechos que no podía dejar pasar. Un día vio que si no hacían
algo iban a seguir sacándoles la sangre, iban a aprovecharse de ellos de todas
las maneras posibles, a unos por una causa a otros por otra… siempre
diferentes, pero siempre iguales, como piojos incansables. Ese día empezó su
lucha por zafarse de los bichos que le sorbían la energía y la vida sin
permiso; una vez que vio la luz, fue inevitable hacerlo. No puedes ser
consciente de que te mueres y de por qué y no hacer nada por evitarlo, aun le
quedaba mucha vida por la que luchar.
¡¡Tatatatatata!! ¡Morid
hijos de puta!
Lo más triste era ver cómo sus compatriotas, que habían sido
engañados y robados de muy diversos modos cómo ella, estaban confusos ante esta
situación y aun no la veían con claridad. Aun su miedo les unía a esos seres, a
esa estructura aparentemente estable que todos habían permitido. Aun veían la
verdad como una hipótesis que de ser comprobada debía defenderse, con pros,
pero con contras. Pero que ante la duda, preferían defender que todo siguiera
igual, pues, de una manera u otra, antes había funcionado. Sin preguntarse a
qué coste eso había sido así.
Le hacían sentir pena por ellos, como también la sentía por
su yo del pasado, o su yo dudoso, pero también le hacían sentir soledad, ver
que se alejaban de su lado para ir al bando contrario por miedo a lo
desconocido. Pero, aunque ellos no lo vieran, ella veía que habían dejando
parte de su corazón, una parte independiente de ellos que se resistía, junto a
ella. “Estáis atacando a las personas equivocadas, hermanos, espero que no sea
demasiado tarde cuando veáis la imagen completa”
-
¡¡¡Ahhhggggggg!!!
¿De quién era ese grito? ¿Un bando u otro?¡Qué difícil es
distinguir a veces a qué bando pertenecemos! Sobre todo cuando te reduces a la
esencia de cada uno, a lo que te une, cuando olvidas qué persigues y qué
persiguen los otros y te centras en la crudeza de la guerra, en el daño que
reciben todos sus participantes, apuesten por una verdad y unos medios u otros.
-
¿Estás
bien? ¡Toma este pañuelo y aprieta fuerte la herida!
Agazapada esperaba el
momento de atacar, la fisura por la que meterse.
Se sentía sola entre tanta desolación, pero ella, al
contrario que algunos, sabía en qué guerra estaba, por qué luchaba y, aunque a
veces tenía que recordarlo, no iba a rendirse. Por muy sola que estuviera, era
algo por un bien mayor. Ya no quería vivir en su antigua realidad, se hacía
insoportable, sólo quedaba la guerra y esperar que las cosas cambiaran. Luchaba
por una ilusión, luchaba por su autentica libertad.
Fijó sus ojos en el
enemigo, y una media sonrisa apareció en su cara al recordar una frase que oyó
hacía tiempo: “La gente herida es peligrosa, ellos saben que pueden sobrevivir”.
Preparó la granada y la lanzó.
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