“¿Qué es el amor?”
Me preguntas con la mirada clavada en mis pupilas, ojos bien abiertos, expresión
atenta, piernas cruzadas, sentada en el suelo. Tu sed de respuesta se nota en
la intensidad de tu pregunta. Podrías haberme preguntado como quien no quiere
la cosa, podrías haberme preguntado con voz de niña inocente, juguetona. Tal
vez, podrías haberme preguntado con tristeza o extrañeza. Pero no, tú no eres
así. Tu mente y tu cuerpo viven para descubrir, son ávidos depredadores de
conocimientos, son filosóficos por naturaleza, no les vale una respuesta
superficial, quieren más, siempre más profundo, más a la raíz, más al origen,
más completo, más detallado, más verdad. La pasión de tu pregunta, la
intensidad de tu atención, la profunda inquietud que demuestras me hace reír
por dentro. Ahí me tienes, mirándote y recordando mi juventud. Sintiendo en ti
el espíritu inquieto que movió todas mis aventuras, mis búsquedas, mis
conversaciones, mi trabajo, mis relaciones, en definitiva, que movió mi vida.
Respiro profundamente,
de manera pausada. Sé que tú contienes la tuya. Vuelvo a inspirar, y en la
expiración mis labios se separan, casi oigo tu corazón batir acelerado: “Mi
dulce nieta,…” comienzo, “… es una pregunta muy difícil esa que me haces” Mi
expiración termina y hago una pausa. Ahí estás, esperando que continúe. No lo
hago. Pero te miro profundamente, para que entiendas que tan pesada como tienes
tú esa pregunta en el corazón, tanto o más pesada es para mí responderla.
“Abuela, por
favor, explícame que es el amor, porque sinceramente, yo no entiendo nada”. Te
miro tranquilamente con tu buena veintena, te veo hecha una mujer, bien hecha,
con el gesto de quien ha vivido ya unas cuantas experiencias vitales, con
rastros de quien ya ha empezado a contestar sus propias preguntas, porque se da
cuenta de que las respuestas que encuentra no siempre le corresponden. Pero te
miro y veo en ti el brillo anhelante que
siempre he visto cuando querías beber de mi “sabiduría” o mi experiencia. Veo
que esa pregunta te arde, te carcome.
“No sé si tengo
una respuesta convincente a esa pregunta, cielo”. “Pues al menos dime lo que
piensas sobre él, porque me estoy empezando a volver loca”, te echas las manos
a la cabeza desesperada. Veo que has intentado responder a esa pregunta por ti
misma muchas veces, sin buenos resultados y por eso acudes a mí, para ver si
esta vieja sabe algo más. Un peso se posa en mis hombros. Si algo he aprendido
en este tiempo es que cada respuesta a una pregunta me ha costado mucho
esfuerzo conseguirla, y cuando por fin entendía algo, entonces todo parecía tan
evidente que no entendía como había podido estar pensando de otra manera antes…
y entonces intentaba hacérselo entender a los demás, casi siempre sin
resultado. La verdad es que en el mejor de los casos van a escucharte y van a
reflexionar sobre ello, pero nunca podrán entenderlo de verdad. Esa
comprensión pasa por la experiencia, pasa cuando integras algo que llevaba
tiempo en tu mente, en la capa superficial, para pasar a la capa interna,
procesarla et integrarla en el sistema como parte indivisible de él. Me
pregunto cómo puedo explicártelo sin producir el mismo efecto.
“El amor es un
concepto social, tenemos tendencia a creer que existe una regla para el amor,
que el verdadero amor es esto o lo
otro, y que lo demás son mentiras, son amores a medias, son incomprensibles,
que en realidad nosotros tenemos razón y no los demás, no la historia, no las
otras culturas, parejas. Para entender el amor tienes que entender esto, el
amor es un sentimiento, y cómo tal depende del momento, la persona, la época,
la cultura, la lengua, el sexo, la estación del año, si el día anterior fue
bueno o malo. El amor es algo palpable cuando está presente, aun cuando no
puedas agarrarlo. Como el aire. No lo ves, no puedes atraparlo, pero cuando se
mueve lo sientes en la piel, lo ves en los árboles, cuando está caliente te
pesa en el cuerpo y en los pulmones, cuando está frio se atasca en tu nariz y
congela tus entrañas, cuando está contaminado lo notas, cuando no hay, te
ahogas. Pero cada partícula es independiente la una de la otra, nunca
respirarás un trozo de aire dos veces, porque al pasar por ti, ya está
cambiando para siempre. No será la misma cantidad cada vez, hay veces que
respiras profundo y otras más superficialmente, no será el mismo ritmo, ni la
misma pureza, ni el mismo disfrute, ni la misma función, ni el mismo momento.
El amor es (como) el aire que respiramos”.
Esa cara otra
vez, creo que no he sido clara. Una arruga pasa por tu frente y se instala en
tu entrecejo, tu mirada se desvía: estás reflexionando. Vuelvo a ver tu corazón
latir con fuerza, y tu respiración concentrarse. Creo que una parte de ti ha
entendido lo que acabo de decir, la parte emocional sabe muy bien de qué hablo,
pero tu cerebro es el maestro de tu vida y nunca admitirá que le cuesta más
tiempo entenderlo o que no es algo que pueda controlar. Te dejo tu tiempo
mientras yo me tomo el mío.
Retomo con
cuidado el hilo. “Mi cielo, he pasado mi vida buscando la respuesta a esta
misma pregunta. No considero tener una respuesta concreta porque cada vez que
he amado a alguien ha sido diferente. Mentiría si te digo que te amo a ti y a
tu hermano de la misma manera. Sería no reconocer la particularidad que tiene
tu esencia junto a la mía. No sería reconocer la conexión que hay entre
nosotras, las complicidades y diferencias que tenemos, las cosas que me
inspiras. Ese amor que siento por ti nació el día que viste la luz. Bueno,
miento, el día que supe que ibas a ser un bebé algún día. El día que vi el
brillo en los ojos de tu madre y tu padre. Ese instante en el que mi amor por
ti sembró semilla yo estaba en un momento de mi vida, de mi ciclo, de mi día, que
le dieron forma y color a esa semilla. El resto de aspectos, de pequeños
detalles, acontecimientos de mi vida, nutrieron y regaron esa semilla hasta el
día de tu nacimiento. Ahí tu pudiste aporta a ese grano de amor con tus gestos,
tu encanto, tu risa. Ese día se transformó en años en los que yo te he aportado
cosas que te han hecho reaccionar, que a su vez me han hecho reaccionar a mí, y
vuelta a empezar. Nuestro amor está plagado de todos esos momentos, detalles y
manera de ser. Ahora, ¿entiendes que ese amor es un árbol de mi jardín personal
y que no es absolutamente en nada incompatible con el árbol de tu madre, de tu
padre, de mis otros familiares, amigos, amantes, animales o relaciones
cordiales? Cada uno tiene su tamaño, forma, color, estación del año en el que
florece, o está en reposo. Algunos se han secado, otros se han quebrado, otros
son perennes. Pero están todos ahí.
Andamos locos
queriendo definir el amor, definirlo todo, ponerle reglas, decidir lo que es de
lo que no es amor. Pero amor es todo, mi linda nieta. Lo que usualmente
llamamos amor es sólo una manera de amar a otro ser humano, como la nieve es
una manera de precipitación de agua. Pero aun así, ¿Has observado de cerca los
copos de nieve? Cada uno es de una forma, único en su especie. Así que nadie te
puede decir, así es como se nieva, o así se dibuja un copo de nieve. La nieve
está hecha del agua que la compone, del aire que la comprime, de la temperatura
que la contiene, de la fuerza en la que es arrastrada y del lugar dónde cae.
¿Has visto alguna vez la reacción de alguien que no ha visto nunca la nieve
cuando dos o tres copos deciden formarse y caer? Eso es amor. ¿Has visto como
reacciona alguien cuando está profundamente conmovido por un pequeño fenómeno
natural? Eso es amor. ¿Has visto cuando dos personas se miran y se pierde el
resto del mundo de alrededor porque sólo existen los ojos del otro? Eso es
amor. ¿Has visto una persona dar lo poco que tiene a un necesitado? Eso es
amor. ¿Has visto a un bebe agarrar con sus manitas la camiseta de su madre para
dormirse en su pecho? Eso es amor. ¿Has visto dos ancianos darse la mano y
pasear por el parque cuidando el uno del otro aun cuando no sabes cuál de los dos
arriesga más? Eso es amor. ¿Has visto a alguien acudir a la llamada de un amigo
no importa la hora ni el momento? Eso es amor.
Querida, tendrás
millones de amores en esta vida. Es lo que te deseo. Te deseo que sepas
apreciar esos pequeños instantes de amor, sea hacia quien sea, el tiempo que
sea. Del recibido, del dado y del compartido. Es el mayor regalo que te dará la
vida nunca, y es el mejor regalo que puedes devolver. Ama la Tierra, los seres
vivos que la habitan, ama a tu prójimo y a tu lejano. Ama tu trabajo y el de
los demás. Ama tu cuerpo y tu alma. Ámalos sin miedo, pues el amor no falla,
cariño. Lo que fallan son las expectativas cuando están mal colocadas. Pero si
te sitúas en el instante presente, en el regalo de hoy. En el amor hoy,
y ¿quién sabe mañana? Nunca te romperán el corazón. Entenderás que el amor no
se fue, no te abandonó, sólo cambió, y que ahora es el momento de amar otras
cosas, o de otra manera.”
Un silencio se
instala en la sala. No es incómodo ni pesado, sólo rico. Es el silencio que sucede
a un discurso recitado de alma a alma. Noto tu cuerpo más relajado, creo que
has tenido suficiente por hoy. No sé si será suficiente para responder, de una
vez por todas, tu pregunta. Supongo que no, eres muy parecida a mí y nos
conozco demasiado bien. Con el tiempo otras preguntas vendrán, y ésta misma
tomará otro color, volverás a hacértela con otro sentido. Es muy posible que ya
no esté aquí para respondértela. Pero espero que la esencia perdure, que
encuentres otra persona que pueda escucharte y aconsejarte y que adquieras la
sabiduría de aceptar que la única verdad que te servirá es la que tú sientes.
Te tocará un día pasar el mensaje a tus hijos y nietos. Espero que guardes
estos momento de intercambio con esta arrugada abuela tuya con amor, como yo lo
hago. Aun así, aquí te dejo escrita esta conversación, para que la leas en los
momentos en los que ya no estés y las dudas te asalten. Es un tema importante.
Te quiere,
Tu abuela.
1 comentario:
Estoy de acuerdo con la abuela, no creo que exista una definición del amor, primero porque uno no puede sentir el amor, sino que cada uno siente lo que interpreta del mismo, con todas sus circunstancias personales. Y segundo porque definir algo supone empezar a limitarlo, y en relación con lo primero, no creo que exista un adjetivo que englobe a todos los conceptos particulares que cada uno tenemos.
Por otro lado, me gusta esta frase "¿Has visto dos ancianos darse la mano y pasear por el parque cuidando el uno del otro aun cuando no sabes cuál de los dos arriesga más?" quizá no era tu idea, pero a mí me lleva a pensar en los sentimientos unidireccionales, que obviamente se escapan del concepto típico de "amor romántico", y también de otros conceptos de amor típicos, algo así como que una persona sienta algo diferente a lo que la otra parte espera de ella, y que aún así funcione.
Me gusta cómo escribes :)
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