miércoles, 7 de noviembre de 2012

Cicatrices


Se estaba preparando para la entrevista, todo el mundo andaba acelerado, poniendo cables por aquí, quitando estorbos por acá…queriendo dejarlo todo perfecto, libre de imprevistos para su actuación en pantalla. Querían que su primera aparición en público fuera recordada, que fuera un hito en la televisión.
Todos parecían seguros de lo que hacían, para ellos todo eso tenía sentido, y se enfadaban cuando alguien hacía algo “de sentido común” mal. Río para sí. De “sentido común” que relativo sonaba aquello para ella en esos momentos. Toda la vida se había criado con aquel común sentido, algo que a todos parecía lógico, moral, o correcto, siempre debajo de sus redes, sintiéndose culpable por no saber cuál era la decisión que éste marcaba. Y sin embargo, ahora se daba cuenta de que todo depende de dónde estuvieras metido, eso significaba una cosa u otra, incluso contrapuestas. Veía a todos metidos en una telaraña complicada de sentidos comunes, de supuestos patentes, de relevancias relativas. Y ella era una mosca curioseando, fuera de aquella maraña, lejos todavía para que la enganchasen, pero tenía que pasar por ella el menor tiempo posible para poder llegar a su objetivo.
La cogieron de repente de la mano, por lo visto llevaba absorta un tiempo y oyó que tenía que ir a la sala de maquillaje. Seguro que la ponían parecida a una puerta, nada parecido a como era ella, eso la molestó y condicionó como actúo después ante sus maquilladoras.
-        -   Vamos preciosa, siéntate aquí.
-         -  ¡Vamos a ponerte deslumbrante!
-          - Espero que no demasiado, quiero que los espectadores conserven la vista después de esta entrevista. –Les costó pillar la ironía.
-          - Bueno intentaremos, que quedes lo mejor posible.
-        -  Sí más guapa que hoy no creo que puedas quedar después de que te tratemos.
Eso la inquietó, “tratemos”… “¿Qué me van a hacer?” Pensó.
Empezó a sentir como le aplicaban una crema fría por la cara, después a frotarla con algo rugoso, era desagradable, y después como la embadurnaban de otra crema diferente. Sentía  4 manos trabajando en su cara y no le gustaba. La miraron de repente con ojos escrutiñadores y a comentar cosas entre sí. Al final señalaron diferentes puntos de mi cara y a echar otro potingue sobre ellos. Después otro y otro…  Cuando pudo mirarse al espejo, realmente no parecía ella, parecía una versión plastificada y perfecta de su cara, incluso diferente. Se tocó preocupada sobre dónde antes tenía cicatrices o pecas. No quedaba nada, solo muy de cerca podría verse  que debajo había algo tapado. ¿Qué clase de escritora psicológica sobre la autoestima y la aceptación personal era? Cualquiera que la viera diría que no tengo nada que aceptar.
-       -    Quitadme esto, por favor.- Esta vez su voz sonó fuerte y seria.
-       -  ¡Cómo con lo que nos ha costado ponerte así de guapa!
-        - ¡Sí! ¡Si te lo quitamos se van a ver todas tus cicatrices y desperfectos!
Les echó una mirada seria.
-     -    Estas cicatrices y desperfectos son parte de mí, de mi cara, de mi historia. Si me las quitáis, me quitáis mi identidad. Los desperfectos son las señales que me dejó mi familia para distinguirme de los demás, nadie más tiene los lunares dónde yo los tengo, o las cejas como yo. Todas las cicatrices son el resumen de mi vida, son las marcas de mis juegos, de mis errores, de aquellas cosas que me hirieron pero ante las que sobreviví, son las marcas que me recuerdan que todo se cura y si he podido seguir adelante con estas heridas, aún puedo seguir adelante con las que me vengan. Son la muestra de que soy y sigo siendo a pesar de no ser perfecta. De que he tenido una vida que contar y no he estado entre algodones preocupada por mi belleza. De que acepto las dificultades.
Se quedaron mudas.
-         -  Así que por favor, si queréis maquillarme, de acuerdo, pero sin borrar mi esencia, gracias. – Cruzó los brazos sobre su pecho.
Lentamente, tras unos segundos de shock, las maquilladoras retiraron todas las capas de máscara que le habían puesto y aplicaron otras mucho más ligeras. Cuando se miró pudo verse, reconocerse y sonrió. Tenía todas las marcas intactas, la ceja partida, sus pecas por toda la cara, la doble raya que marcaba por dónde se había partido la nariz dos veces y la mancha de nacimiento de un color un poco más oscuro en el ojo, que siempre le confirió un aspecto un poco perruno.
-      -  Gracias, ésta soy yo- dijo absolutamente contenta. Sólo habían remarcado un poco los ojos verdes para que fueran más visibles, oscurecido y matizado un poco la piel (para contrarrestar los focos) y dado un matiz rojizo a sus labios.
Temblorosas la llevaron al plató. La gente empezó a comentar, y pudo ver como intentaban explicarse. Al final apareció Francis, el presentador. Me miró levantando la ceja y luego me sonrió.
-         -  No estás todo lo espléndida que podrías, ¿qué les has hecho a las pobres maquilladoras para que te dejen así?
-          - Digamos que las convencí para que no ocultaran las marcas de mi lucha contra el mundo.
Reímos.
-        -   Bueno, ¡que comience el show! – miró a la cámara y los realizadores empezaron la cuenta atrás. Se acerca el gran momento y ya no hay manera de deshacerlo. “Esperemos que salga bien”

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