Se estaba preparando para la entrevista, todo el mundo
andaba acelerado, poniendo cables por aquí, quitando estorbos por acá…queriendo
dejarlo todo perfecto, libre de imprevistos para su actuación en pantalla.
Querían que su primera aparición en público fuera recordada, que fuera un hito
en la televisión.
Todos parecían seguros de lo que hacían, para ellos todo eso
tenía sentido, y se enfadaban cuando alguien hacía algo “de sentido común” mal.
Río para sí. De “sentido común” que relativo sonaba aquello para ella en esos
momentos. Toda la vida se había criado con aquel común sentido, algo que a
todos parecía lógico, moral, o correcto, siempre debajo de sus redes, sintiéndose
culpable por no saber cuál era la decisión que éste marcaba. Y sin embargo,
ahora se daba cuenta de que todo depende de dónde estuvieras metido, eso
significaba una cosa u otra, incluso contrapuestas. Veía a todos metidos en una
telaraña complicada de sentidos comunes, de supuestos patentes, de relevancias
relativas. Y ella era una mosca curioseando, fuera de aquella maraña, lejos
todavía para que la enganchasen, pero tenía que pasar por ella el menor tiempo
posible para poder llegar a su objetivo.
La cogieron de repente de la mano, por lo visto llevaba
absorta un tiempo y oyó que tenía que ir a la sala de maquillaje. Seguro que la
ponían parecida a una puerta, nada parecido a como era ella, eso la molestó y
condicionó como actúo después ante sus maquilladoras.
- - Vamos preciosa, siéntate aquí.
- - ¡Vamos a ponerte deslumbrante!
- - Espero que no demasiado, quiero que los
espectadores conserven la vista después de esta entrevista. –Les costó pillar
la ironía.
- - Bueno intentaremos, que quedes lo mejor posible.
- - Sí más guapa que hoy no creo que puedas quedar
después de que te tratemos.
Eso la inquietó, “tratemos”… “¿Qué me van a
hacer?” Pensó.
Empezó a sentir como le aplicaban una crema fría por la
cara, después a frotarla con algo rugoso, era desagradable, y después como la embadurnaban
de otra crema diferente. Sentía 4 manos
trabajando en su cara y no le gustaba. La miraron de repente con ojos escrutiñadores
y a comentar cosas entre sí. Al final señalaron diferentes puntos de mi cara y
a echar otro potingue sobre ellos. Después otro y otro… Cuando pudo mirarse al espejo, realmente no
parecía ella, parecía una versión plastificada y perfecta de su cara, incluso
diferente. Se tocó preocupada sobre dónde antes tenía cicatrices o pecas. No
quedaba nada, solo muy de cerca podría verse que debajo había algo tapado. ¿Qué clase de
escritora psicológica sobre la autoestima y la aceptación personal era?
Cualquiera que la viera diría que no tengo nada que aceptar.
- - Quitadme esto, por favor.- Esta vez su voz sonó
fuerte y seria.
- - ¡Cómo con lo que nos ha costado ponerte así de
guapa!
- - ¡Sí! ¡Si te lo quitamos se van a ver todas tus
cicatrices y desperfectos!
Les echó una mirada seria.
- - Estas cicatrices y desperfectos son parte de mí,
de mi cara, de mi historia. Si me las quitáis, me quitáis mi identidad. Los
desperfectos son las señales que me dejó mi familia para distinguirme de los
demás, nadie más tiene los lunares dónde yo los tengo, o las cejas como yo. Todas
las cicatrices son el resumen de mi vida, son las marcas de mis juegos, de mis
errores, de aquellas cosas que me hirieron pero ante las que sobreviví, son las
marcas que me recuerdan que todo se cura y si he podido seguir adelante con
estas heridas, aún puedo seguir adelante con las que me vengan. Son la muestra
de que soy y sigo siendo a pesar de no ser perfecta. De que he tenido una vida
que contar y no he estado entre algodones preocupada por mi belleza. De que
acepto las dificultades.
Se quedaron mudas.
- - Así que por favor, si queréis maquillarme, de
acuerdo, pero sin borrar mi esencia, gracias. – Cruzó los brazos sobre su
pecho.
Lentamente, tras unos segundos de shock, las maquilladoras
retiraron todas las capas de máscara que le habían puesto y aplicaron otras
mucho más ligeras. Cuando se miró pudo verse, reconocerse y sonrió. Tenía todas
las marcas intactas, la ceja partida, sus pecas por toda la cara, la doble raya
que marcaba por dónde se había partido la nariz dos veces y la mancha de
nacimiento de un color un poco más oscuro en el ojo, que siempre le confirió un
aspecto un poco perruno.
- - Gracias, ésta soy yo- dijo absolutamente
contenta. Sólo habían remarcado un poco los ojos verdes para que fueran más
visibles, oscurecido y matizado un poco la piel (para contrarrestar los focos)
y dado un matiz rojizo a sus labios.
Temblorosas la llevaron al plató. La gente empezó a comentar,
y pudo ver como intentaban explicarse. Al final apareció Francis, el
presentador. Me miró levantando la ceja y luego me sonrió.
- - No estás todo lo espléndida que podrías, ¿qué
les has hecho a las pobres maquilladoras para que te dejen así?
- - Digamos que las convencí para que no ocultaran
las marcas de mi lucha contra el mundo.
Reímos.
- - Bueno, ¡que comience el show! – miró a la cámara
y los realizadores empezaron la cuenta atrás. Se acerca el gran momento y ya no
hay manera de deshacerlo. “Esperemos que salga bien”
No hay comentarios:
Publicar un comentario