
La noticia me dieron
Sin dejarme reaccionar,
Eran palabras esperadas
Que no dejan de sangrar.
Mi boca dijo “vale”
Pero mi alma no lo oyó.
“La Tita” fue madre
Aunque ni un hijo alumbró,
Porque como tal la quieren
Los sobrinos que cuidó.
De camino al velatorio
La huerta pude observar,
Repleta de flores amarillas
Como las que te solía llevar.
Eran días de calor
De la primavera al despertar.
Las flores silvestres
Te querían encontrar,
Humildes mensajeras
Te las hacíamos llegar.
Amarillas como el sol
La cara te hacían iluminar,
Tu risa feliz compensaba
El pequeño trabajar.
Al verlas de nuevo allí,
Esperándote, no pude resistirlo,
Un ramo te cogí.
Si es el último que cojo
Que sea para ti.
En estas recogidas
Era mi madre mi compañera
Pero al estarte en vela,
No escuchó la primavera.
Al verme aparecer
Con el ramo por ofrenda
Con silencioso llanto agradeció
Mi pequeña molestia.
Tremendo honor me concedieron
los que conocían su significado,
las flores amarillas ocuparon
los pies de tu sudario.
Aún más, fue que te acompañaron
Cuando el ataúd sellaron.
“Marina, no temas, un ataúd es como una cajita
Donde se guardan las cosas bonitas”
Y tranquila abrazo a mi primita
Apretando con fuerza, sus manos pequeñitas.
Miro tu tumba y nada siento,
¿Por qué? ¿Sigues viva?
Mi cerebro sabe que no,
Que dejaste de existir,
que tu cuerpo sucumbió
que optó por dimitir.
Pero mi corazón
No lo quiere oír,
Hasta que la evidencia
Me dé en la nariz,
Me lo seguirá negando,
“Ella aún sigue aquí”.
(autora: yo)
Por mi tita.
Sin dejarme reaccionar,
Eran palabras esperadas
Que no dejan de sangrar.
Mi boca dijo “vale”
Pero mi alma no lo oyó.
“La Tita” fue madre
Aunque ni un hijo alumbró,
Porque como tal la quieren
Los sobrinos que cuidó.
De camino al velatorio
La huerta pude observar,
Repleta de flores amarillas
Como las que te solía llevar.
Eran días de calor
De la primavera al despertar.
Las flores silvestres
Te querían encontrar,
Humildes mensajeras
Te las hacíamos llegar.
Amarillas como el sol
La cara te hacían iluminar,
Tu risa feliz compensaba
El pequeño trabajar.
Al verlas de nuevo allí,
Esperándote, no pude resistirlo,
Un ramo te cogí.
Si es el último que cojo
Que sea para ti.
En estas recogidas
Era mi madre mi compañera
Pero al estarte en vela,
No escuchó la primavera.
Al verme aparecer
Con el ramo por ofrenda
Con silencioso llanto agradeció
Mi pequeña molestia.
Tremendo honor me concedieron
los que conocían su significado,
las flores amarillas ocuparon
los pies de tu sudario.
Aún más, fue que te acompañaron
Cuando el ataúd sellaron.
“Marina, no temas, un ataúd es como una cajita
Donde se guardan las cosas bonitas”
Y tranquila abrazo a mi primita
Apretando con fuerza, sus manos pequeñitas.
Miro tu tumba y nada siento,
¿Por qué? ¿Sigues viva?
Mi cerebro sabe que no,
Que dejaste de existir,
que tu cuerpo sucumbió
que optó por dimitir.
Pero mi corazón
No lo quiere oír,
Hasta que la evidencia
Me dé en la nariz,
Me lo seguirá negando,
“Ella aún sigue aquí”.
(autora: yo)
Por mi tita.
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