lunes, 4 de octubre de 2010

¿Quien sabe?


¿Quien sabe que se nos vendrá encima, qué nos provocará una angustia vital durante segundos para, después, pasar a incertidumbre, relajación (cortesía del olvido), y, finalmente, al rememorar el asunto todo sean explicaciones sin cohesión, o miradas huidizas, o titubeos, o un simple, triste y cortante adiós?

  ¿Quién sabe si más tarde todo quedará en un simple recuerdo tibio, o nebuloso? ¿Quién sabe si, en realidad, es un capricho del destino para hacernos aprender antes de poder deleitarnos con el sabor de la fruta madura que quisimos osar degustar demasiado pronto?

¿Quién sabe cuál es la fe verdadera, o si la hay? ¿Quién sabe por qué el ser humano es maravilloso y cruel a un tiempo? ¿Quién sabe por qué pensamos o sentimos? ¿O por qué nos planteamos las cosas aún cuando sabemos que no hallaremos respuesta? ¿Y por qué tenemos miedo de la verdad, a dejar a la vista nuestras debilidades, o presumir de más por nuestros dones?

¿Quién sabe por qué teniendo el poder de cambiar las cosas con proponérselas no lo hacemos? ¿Quién sabe si esto es una ilusión, la realidad, o una deformación que nos conviene?

Nadie sabe. O todos sabemos lo que queremos saber, suponemos que sabemos o nos quieren hacer creer. Probablemente parte de estas incógnitas, y más, serán resueltas por la psicología, filosofía o por alguien de la calle que sea iluminado por su mente. Y surgirán otras. Más que la especie del raciocinio, de la creatividad o del amor, creo que somos la especie de la eterna pregunta. ¿No me creéis? Pensad, ¿Cuánto tiempo estáis sin plantear una pregunta hacia los demás, hacia vosotros o hacia el mundo que os rodea? ¿Desde hace cuántos milenios se ha estado planteando la pregunta “¿Y ahora que hago para resolver esto?” con eso se ha ido avanzando?

Nos mueve la eterna inquietud, cuando no es para saber qué, cómo, quien, por qué, para qué es para saber dónde, cuando, por cuanto (tiempo, dinero, energía…), etc. Y seguimos preguntado porque siempre encontramos respuestas. Ya sea en otros, en la ciencia o en la fe, y cuando nada de eso funciona, nuestra mente se inventa una excusa razonable que valdrá hasta que se viva otra cosa que no cuadre en el esquema y tenga que modificarlo.

Así, solo nos queda preguntarnos ¿Y esto por qué?





 Buenas noches, mentes pensantes.










3 comentarios:

Wachimoni dijo...

Creo que si todo el mundo fuese como tú, no existiría la psicología ni la filosofía. Si todo el mundo fuese así, tan pensativos y curiosos, sabríamos mucho más de lo que sabemos.

¿El problema? Siempre hemos vivido en un lugar donde al tonto se le premia por sus tonterías y al pensativo se le menosprecia. Sumándole, además, que vivimos en una época en la que reina la general estupidez y medios como la televisión muestran personas con diarrea en lugar de cerebro, muy poca gente se para a pensar en estas cosas.
Es una lástima, pero es así, y así nos va. ^^"

Me gustan mucho tus entradas =)
Si sigues así tendrás un lector incondicional y permanente. xD

Ethos dijo...

Estoy en clase de psicología y está explicando el profesor la inteligencia y los factores que la determinan. Leyendo ésto creo que se le ha olvidado uno: todas estas preguntas. Debería de medirse la inteligancia según el número de preguntas que una persona tenga, y no el número de respuestas. Creo que por ahí hay algún refran sobre esto. No sé.

Una entrada genial, Tomica. Ya tenía ganas de escribirte otra vez, de verdad. A ver si nos vemos en la vida real. Y sigue con las preguntas, que es la única manera de que este mundo avance un poquito.

Un abrazo!

Alastair dijo...

Aún no tengo un coment a la altura de tu actu, así que me limito a contestarte:
El comandante, es comandante, es un oficial y habla con respeto, no se mete en conversaciones ajenas y Tribel es un rehén (a efectos prácticos) que tiene el favor de Zahara... y poco más, lástima que no pueda morir, porque sino se lía la cosa entre las casas muajaja